Personas fuertes y de paso firme, que no vacilan ni un solo segundo, que no caminan errantes… Quienes admiro conocen el camino y saben que está lleno de dolor, al igual que poseen un instinto felino para prever los finales. Su último aliento es, en todos los casos, una última exhalación de pasión.
Es por ello que encontré en esta historia, que ha crecido conmigo, la máxima expresión de la brillantez.
Y los hechos coinciden con mi concepto: en ella se da lo más valioso que puede poseerse– la vida –, sin titubeo, por la creencia que más fe necesita – el amor. El amor, que generalmente se entiende como algo hecho de aire, es pagado aquí con la propia vida, con el fiero agravante de la juventud.
La historia que me ha robado una y otra vez la razón y las horas es, oh, encanto… la única en la que creo.

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