Hace algunos años tuve el inocente atrevimiento de yacer con la Literatura. Yo la llamaba así, y llamé a mi acto “hacer el amor”- oscurantismo humano- pues lo acaecido no había sido nada más ni nada menos que una terrible y sangrienta violación, que después dio fruto, creció, se nutrió de mí, se expandió como lo hacen las enredaderas, hendió con la suavidad de los barcos, que acarician el agua y lo dividen, rugió, rasgó, reinó en silencio. En mí. Instauró el delicioso cadáver de un aborto en mi vientre. Yo era o soy o seré virgen vestal, devota de la sicalipsis.
2/18/2010
aborto.
Hace algunos años tuve el inocente atrevimiento de yacer con la Literatura. Yo la llamaba así, y llamé a mi acto “hacer el amor”- oscurantismo humano- pues lo acaecido no había sido nada más ni nada menos que una terrible y sangrienta violación, que después dio fruto, creció, se nutrió de mí, se expandió como lo hacen las enredaderas, hendió con la suavidad de los barcos, que acarician el agua y lo dividen, rugió, rasgó, reinó en silencio. En mí. Instauró el delicioso cadáver de un aborto en mi vientre. Yo era o soy o seré virgen vestal, devota de la sicalipsis.
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